Todos le tememos a algo. A la oscuridad, la muerte, los enfermos, a algún animal.
Si yo tuviera que decir a que le temo no sabría que responder.
¿Le tengo miedo a la muerte? No.
Espero que mi muerte sea digna, no la llamo, pero estoy dispuesta a recibirla.
¿Le temo a la oscuridad? Tampoco.
Apagar las luces, resulta todo un alivio, es sentir que estás en otro universo. Un universo que puedes manejar a tu antojo, sin distracciones. Perfecto para que la imaginación aflore y crezca.
¿Miedo a las alturas? Tal vez.
Pero no me da miedo caer y morir. Considero que es peor vivir atrapado en tu cuerpo.
¿A los temblores? No.
Siento que es más terrorífico que a alguien querido y le pase algo, si tiembla y no puedo ayudar.
¿Miedo a quedarme sola? Un poco.
Soy hija única, se que en algún momento me quedaré sola. Por eso es fácil de aceptar y convivir con ese hecho. Lo acepto.
¿Temor a no realizar nada en mi vida? Sí.
Tengo miedo, de no realizar mis sueños, mis ambiciones y jamás poder trascender en el mundo, o al menos en mi país. Miedo al ver que otros de mi edad e incluso más jóvenes han alcanzado grandes cosas, y yo, no he alcanzado nada.
Temor de quedar como una mediocre, que jamás realizó nada en su vida.
Ese es miedo más profundo.
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